
La verdad es que mi estreno en la distancia no pudo ser peor.
Llegué con mi amigo Pepe Martínez con tiempo suficiente al Estadio de Atletismo de Carranque, lugar desde el que arrancaba la carrera, con la idea de calentar y disfrutar del ambiente. Casi que me enfoqué en lo segundo, pues calentar calenté poco.
Tras saludar a varios amigos por fin pude descubrir quien es Paco Montoro en persona, y amigos, tal y como lo leéis, así es.
Afable, cercano, honesto y sobre cualquier otro adjetivo: humilde.
Lo reconocí a lo lejos y me acerqué. Nos saludamos y le pedí consejo para afrontar el devenir de la carrera, y en seguida se dispuso a darme alguna que otra idea.
¡Gracias Paco por tu humildad y cercanía!.
Una vez dejé a Paco me encontré con Jaime (os recomiendo su blog: http://runninginspain.com/) y ambos nos deseamos mucha suerte. En mi caso, la tuve que necesitar.
Tras saludos y apretones de manos nos dirigimos al exterior y buscamos un buen lugar lo más cercano al arco de salida (excelente ambiente). Y ahí comienza mi calvario...
Nada más comenzar la carrera, y sin apenas transcurridos 300 metros, noto un fuerte pinchazo en los isquiotibiales de la pierna derecha. ¡No doy crédito!. La semana anterior había intentado no someterme a grandes esfuerzos tras la carrera en Leganés, y de repente, nada más comenzar...zassss.
Bueno, aguanté despacito pensando que aquello desaparecería al tiempo. Nada de nada. El dolor fue remitiendo pero se quedó instalado un pinchazo coñazo amartillando cada paso que daba.
Y como tenemos memoria, aquello me recordó un entrenamiento pasado donde uno similar me dejó listo de papeles y a 6 km de casa. En aquella ocasión, literalmente, no pude caminar.
Reconozco que el miedo se apoderó de mí. No sabía lo que hacer. ¡Todo acababa de empezar!. Aun por delante 20 km de carrera y yo con el muslo dolorido.
Decidí aguantar hasta donde llegara (no tengo otra carrera prevista en un horizonte cercano) y mantuve un ritmo a 5'15" la mayor parte del camino.
Eso sí el pulso disparado, y un calor que te morías (¡ah!, la hora de salida 11'00 de la mañana, que manda huev...).
Poco a poco iba tragando kms y algo más, y a tan sólo 5.000 metros de la llegada mi mente comenzaba a jugarme malas pasadas.
Encontré decenas de razones para dejarlo. Cantidad de frases de conocidos y familiares que días anteriores me trataron de convencer para que no corriera dado el estado de mi rodilla. Y, ¡toma ya!, no fue la rodilla, la cual está perfectamente, sino el muslo el que se hizo notar toda la carrera.
A tan solo 3.000 metros de la meta quise encontrarme de frente con el iluminado que proyectó la prueba, pues nunca antes, lo juro, nunca antes, había sufrido tantísimo al enfrentarme a una cuesta tan larga que moría en la entrada al Estadio de Atletismo donde tras tantos miles de metros daba por finalizada la misma.
Ya me advirtió Paco Montoro: "Curro, los últimos 3.000 metros son jodidillos...".
Joder, ahora entiendo las diferentes interpretaciones que se le ha de dar a una misma palabra. Si "jodidillos" para Paco fue eso, para mí fueron "casi im-po-si-bles".
Mi pierna ardía de dolor, y mi mente me repetía una y otra vez: "Curro déjalo, déjalo, déjalo.."
¡Nada de eso!. Y decidí acabar. Ahora bien, pagué cara la decisión pues esos últimos 3.000 no pude sino arrastrarme a 6'50" - 7'15" el km. Humanamente no pude dar más.
Y fue al entrar en Carranque para darle una vuelta a la pista antes de llegar a meta cuando definitivamente me rompí y noté el "pinchazo final".
Los últimos 400 metros no los cuento. Casi andando. Pero terminé.
Un tiempo muy malo (1:57:24), a una media de 5'25" el km.
Y ahora a recuperar y a olvidar. A buscar otra media en la que poder quitarme la espinita, y a trabajar mucho la musculatura.
Ya tengo cita con un fisio amigo para que me trate y me aconseje los pasos a seguir y callar, al menos durante un tiempo, a este trío de músculos que más de una vez me recuerdan a los "TRES TENORIOS".
Un abrazo amigos.